jueves, 21 de febrero de 2013

Terrorismo Capitalista: Trabajadores de usar y tirar

 
 
El drama del desempleo esconde la realidad silenciada del incremento de la explotación laboral y el abuso, fenómenos que se están recrudeciendo actualmente
 
Hay un drama silencioso y silenciado que convive con el drama del desempleo. Se llama explotación laboral. En muchos centros de trabajo, la gente se ha acostumbrado a tenerlo sentado a su lado. La crisis hace que prolifere una casta de empleadores sin escrúpulos que aprovechan la coyuntura para exprimir y explotar a las personas a su cargo. De cada 100 inspecciones llevadas a cabo por Trabajo a lo largo de 2012 (datos a 30 de noviembre), en un 23,9% de los casos se detectaron irregularidades (las situaciones de explotación laboral son simplemente una parte del largo catálogo de irregularidades). En el sector de la hostelería, el registro se acerca al 30%.
 
 La crisis alumbra una era de trabajadores cada vez más indefensos, utilizados como kleenex de usar y tirar. El drama de la explotación laboral sucede en silencio. Los trabajadores no quieren denunciar por miedo a perder esa preciada conquista, cada día más valiosa: el empleo.

Son tiempos en que los explotadores sin escrupulos tienen la sartén por el mango.
 
Tener un empleo ya no es garantía para salir de la pobreza. La precariedad laboral, sumada al incremento del coste de la vida y rematada por los recortes sociales es una bomba que ha provocado que entre los nuevos pobres haya cada día más trabajadores. La brecha entre ricos y pobres crece y la clase media se desplaza hacia abajo. ¿Cómo, si no, se explica que crezca el número de hombres y mujeres que acuden a los comedores sociales pese a trabajar? Lo ven los servicios sociales, las entidades que atienden a los más desfavorecidos y lo acaban de constatar las estadísticas: en Cataluña hay casi medio millón de asalariados pobres. Son el 14,8% de los algo más de tres millones de ocupados, 456.397 personas cuyos ingresos están por debajo del 60% de los de la media. Para entendernos, cobran menos de 750 euros o de 1.400 si en el hogar hay dos adultos con dos hijos.
 
» Niñera en La Moraleja por 400 euros
 
J. es dominicana y lleva 24 años en España. Vive en una casa sin luz ni gas por falta de pago. Gracias al apoyo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, consiguió paralizar su desahucio el pasado mes de octubre. Poco antes de navidades, un día, al salir de la iglesia, una mujer le dijo que sabía de una oferta de trabajo y le facilitó un número de teléfono. La empleadora era una habitante de la exclusiva urbanización de La Moraleja, a las afueras de Madrid.
 
J. llamó. La oferta consistía en cuidar a un niño de siete años, desde las 15.00 a las 00.30 (el último autobús de La Moraleja al centro de Madrid, cuenta J., sale a las 23.30), seis días a la semana. La empleadora le ofrecía librar un día por semana; pero aleatoriamente; no un día fijo, cada semana, uno distinto. La retribución: 400 euros al mes. “Esa mujer se estaba aprovechando de la situación de desesperación en que nos encontramos muchas personas extranjeras sin papeles”, cuenta J. bajo la carpa instalada frente a las oficinas centrales de Bankia en Madrid. “Si vive en La Moraleja, es porque gana bien”.
 
Tal es la necesidad de ingresos de J. que, a pesar de aceptar que el trabajo le suponía no poder cuidar por las tardes a su hija de 13 años, le dijo que le parecía muy poco dinero y que debería pagarle al menos 500 euros. “La mujer, enfadada, me colgó”.

» Las 14 horas del cocinero
 
Jesús Portillo lleva 30 años trabajando en la hostelería, desde los 16. Le han hecho perrerías de todos los colores. De entre las recientes, la más sangrante que recuerda fue la oferta que le hicieron en la franquicia de una conocida cadena de bares de tapas. El dueño estaba a punto de abrir un nuevo establecimiento de esta franquicia y necesitaba cocinero. Portillo, extremeño afincado en Barcelona de 46 años, se presentó a la entrevista de trabajo. Le ofrecían 600 euros al mes por una jornada de entre 12 y 14 horas. Le harían un contrato de media jornada, cuatro horas al día. Más adelante, si la cosa iba bien, renegociarían condiciones, le dijeron.
 
Para incorporarse a la cadena tenía que seguir un cursillo en uno de los establecimientos de la cadena sito en Cornellà de Llobregat. Allí vivió uno de los procesos de selección más abusivos que recuerda.
 
“El curso era, básicamente, trabajar gratis tres días en el establecimiento”, recuerda. Quince personas se presentaron al presunto curso de formación. La jefa no paraba de chillar a los candidatos que empezaban a empanar y freír tapas. Cinco candidatos se fueron a la media hora, hartos de recibir gritos. A la hora empezaron a llegar clientes. “Más deprisa, más deprisa”, apremiaba la capataz. Tres chicas con poca experiencia abandonaron, hartas de recibir insultos. Para cuando el bar estaba lleno, de los 15 ya solo quedaban cuatro. De ellos, tres, entre los que se encontraba Jesús Portillo, abandonaron antes de acabar el día. “Pero esta vez fuimos nosotros los que insultamos a la dueña”.
 
Al día siguiente, el propietario de la nueva franquicia se disculpó ante Portillo y le dijo que las cosas no funcionarían así en su local. El primer día trabajó 14 horas. Al final de la jornada, el propietario le pagó 20 euros, la parte proporcional correspondiente a su contrato de 600 euros: 20 euros por 14 horas de trabajo.
 
Por jornadas como las que le proponían, dice, se deberían pagar entre 1.200 y 1.300 euros; no 600. “Eso no es explotación, eso se llama esclavismo”, manifiesta, indignado, por teléfono.
 
Jesús Portillo lleva siete meses sin cobrar un euro y dos años en paro. Su mujer, que trabajaba en un ambulatorio, también está desempleada. La semana pasada le ofrecieron un trabajo en el que le pagaban 1.300 euros al mes, sí; pero por 18 horas de trabajo; de siete de la mañana a una de la madrugada; seis días a la semana, de lunes a sábado. Conoce a un chico ecuatoriano de su barrio, Nou Barris (Barcelona), que acepta cobrar 300 euros al mes por trabajar como camarero la jornada laboral entera. “Esta es la realidad laboral que vivimos: explotación, humillación, mafia, extorsión”.
 
 
 
¡ Obrero y obrera toma conciencia de clase, organizate y lucha para tumbar este sistema que te exprime!
 
 
“La conciencia de clase es la capacidad de los trabajadores de ser conscientes de las relaciones sociales antagónicas que se producen en la sociedad capitalista en la que viven.”
 
 
Toda la ira acumulada hay que centrarla en derrocar este criminal sistema capitalista
 
 
Nos enfrentamos a un enemigo muy poderoso por lo cual necesitamos una organización solida y una dirección comunista.
 
Es imprescindible el partido revolucionario, es imprescindible la organización.
 

ODC.
 

4 comentarios:

  1. Se ha demostrado científicamente que el capitalismo es un sistema egoísta y devastador esta acabando con la viva y el planeta tierra, en su afán por enriquecerse individualmente contaminan la medio ambiente.

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  2. Atencion el sistema capitalista esta acabando con la vida en la tierra, solo piensan en el la riqueza individual mientras que muchos se empobrecen, al capitalismo no le interesa a la sociedad solo usa a la gente para su beneficio personal.

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  3. Soy mexicano aca no existe una izquierda que se pueda considerar VERDADERA, yo soy comunista (y de los radicales por cierto), MUERTE AL CAPITALISMO, AL ANARQUISMO, AL NEOLIBERALISMO, A LA FALSA IZQUIERDA Y A LA MONARQUIA

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    1. mucho del verdadero comunismo se ha perdido en america. como argentino te digo que paso la misma situacion. lleno de sectas nazis y pseudo-izquierda por todos lados con el unico objetivo de fragmentar al pueblo en castas y facciones rivales que luchan entre si eternamente para que el pueblo jamas se una y que solo la elite salga beneficiada.

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