lunes, 24 de junio de 2013

Brasil exporta gas lacrimógeno para reprimir en Turquía



[Recordar que al frente del gobierno de Brasil esta un partido socialdemócrata (PT), que a la vez que reprime a su pueblo y le aplica políticas capitalistas salvajes, no duda en vender armas a estados reaccionarios y fascistas]

En 2012, cuado la inscripción Made in Brazil estampaba proyectiles de gas lacrimógeno utilizados contra manifestantes pro-democracia en Bahrein y había activistas que denunciaban inclusive la muerte de un bebe, supuestamente víctima del gas brasileño, el Ministerio de Relaciones Exteriores (de Brasil) anunció que investigaría si había existido alguna irregularidad en la exportación. Sin embargo, un año después, Itamaraty (la sede del Ministerio de Exteriores) informa que apenas si observa el caso, sin conducir investigación alguna o tomar medidas. En una respuesta indignada, un activista norteamericano-saudita escribió: “Itamaraty debe creer que somos ingenuos”.
 
A falta de restricciones a la exportación de armas no letales, el gas, fabricado por la empresa Condor SA, de Rio de Janeiro, es empleado ahora por la Policía de Turquía en la represión de las crecientes protestas contra el gobierno de Recep Tayyip Erdogan, que se extendieron por más de 60 localidades de todo el país dejando centenares de heridos y unos 2000 detenidos.


 
Amnistía Internacional confirmó el uso de gas lacrimógeno brasileño durante las manifestaciones, que se iniciaron después de una protesta pacífica contra la tala de 600 árboles en la Plaza Taksim en Estambul. La profesora norteamericana Suzette Grillot, que está en Ankara, fotografió uno de los proyectiles brasileños utilizados por la policía. “Un miembro de nuestro grupo encontró la cápsula en la noche de ayer (3 de junio) en Ankara”, relató a Agencia Pública.
 
El gas lacrimógeno brasileño viene siendo utilizado desde el comienzo de las protestas, el 31 de mayo, en Estambul. “Aquel día había apenas un pequeño grupo de ambientalistas. La policía invadió el parque a las cinco de la mañana, cuando el grupo dormía en tiendas. Los policías quemaron las tiendas y atacaron a los manifestantes con gas lacrimógeno”, cuenta un participante del movimiento Occupy Gezi, que prefirió no identificarse por miedo a represalias. “Los policías tendrían que apuntar los proyectiles de gas hacia arriba, pero apuntan a la gente. Algunos perdieron la vista por ser alcanzados directamente (por los proyectiles); otros recibieron los disparos en los brazos y las piernas. Hay centenares de videos mostrando los efectos del gas: lágrimas, náusea, vómito, dificultades para respirar”.
 
La oficina de Derechos Humanos de la ONU pidió a Turquía que condujese una investigación independiente sobre la conducta de sus fuerzas de seguridad en relación con las protestas. “Estamos preocupados por los relatos de uso excesivo de fuerza por agentes de la ley contra los manifestantes”, dijo una portavoz del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Cecile Pouilly.
 
La cápsula fotografiada por la norteamericana Suzette Grillot y el resto de un proyectil lacrimógeno de largo alcance (GL 202) fue producido por Condor, líder en producción de este tipo de arma en América Latina. El proyectil alcanza a una distancia media de 120 metros y tiene la capacidad de pasar por encima de obstáculos como muros y barricadas “para desalojar personas y disolver grupos de infractores de la ley”, según la descripción del propio fabricante. Sólo la mala utilización de los proyectiles, explica Condor en su sitio, puede causar daños serios en la salud –e incluso la muerte.

Otra foto tomada por los manifestantes muestra una granada lacrimógena de movimientos aleatorios (GL 310), también conocida como “bailarina”. Al tocar el suelo, la bomba salta y se mueve en diversas direcciones, desparramando el gas por un área grande y evitando, así, que el “blanco” la tire de regreso hacia las fuerzas policiales. El sitio de la empresa explica que la granada puede generar llamas de fuego en contacto con materiales inflamables.
 
Además de los proyectiles de largo alcance y de la granada “bailarina”, Condor produce sprays de gas lacrimógeno y de pimienta, bombas de humo, balas de goma y pistolas eléctricas incapacitantes, conocidas como “taser”. Condor es la única empresa brasileña que vende estos equipos al gobierno de Turquía, según divulgó su asesoría de prensa. En 2011, la empresa ya había confirmado la venta de armamento a los países árabes, aunque negó la venta directa a Bahrein. Entre sus clientes estaba el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos, que envió tropas de apoyo al gobierno de Bahrein.
 
En abril de este año, Condor firmó otro contrato con el gobierno de los Emiratos por valor de US$ 12 millones a cambio de proveer 600 mil unidades de municiones no letales. El acuerdo fue anunciado durante la LAAD, la mayor feria de defensa y seguridad de América Latina, realizada en Riocentro en abril.
 
Menos de un mes antes del inicio de las protestas en Turquía, el gobierno brasileño apoyó un encuentro de empresas de armamentos nacionales con compradores extranjeros en Estambul. Durante la muestra Internacional de Defensa IDEF 2013, realizada entre el 7 y el 10 de mayo, la Agencia Brasileña de Promoción de las Exportaciones e Inversiones (Apex Brasil) y la Asociación Brasileña de las Industrias de Materiales de Defensa y Seguridad (Abimde) –cuyo vicepresidente, Carlos Frederico Queiroz de Aguiar, es presidente de Condor– montaron un vistoso stand en el pabellón de Brasil.
 
En la parte correspondiente a Condor, una vitrina exhibía variados proyectiles metálicos, granadas y latas de sprays coloridas, iguales a los que serían utilizados pocas semanas después en las calles de ese mismo país. Bajo el nombre de la empresa, con un cartel rojo, también fueron expuestas la granada “bailarina” y “diversas soluciones para la defensa” –según la jerga de la industra–, como los 13 tipos de munición incapacitante de 40 x 46 mm para lanzadores.
 
Interrogada sobre el incentivo a Cóndor y otras empresas brasileñas en Turquía, la Apex no respondió a Agencia Pública hasta el momento de esta publicación. De acuerdo con el periódico turco Sozcu, el ministro de Comercio Hayati Yazici informó que en los últimos 12 años el país importó 628 toneladas de gas lacrimógeno y spray de pimenta sobre todo de Brasil y los Estados Unidos. El valor de las importaciones llegó a US$ 21 millones.
 
En febrero de este año, la Abimde ya había participado en otra feria de armamento, esta vez en Abu Dhabi, en los Emiratos Árabes Unidos. Nuevamente, Condor participó del evento como la única empresa brasileña productora de armas no letales.
 
Brasil firmó el 3 de junio el Tratado sobre Comercio de Armas (ATT, en inglés) de la ONU. De acuerdo con el texto, que busca la eliminación del comercio de armas a genocidas, terroristas y el crimen organizado internacional, “será regulado el comercio de armas convencionales, estableciendo criterios para la exportación y trayendo más transparencia a las transferencias”.
 
Considerado un gran avance para un país que evita la transparencia cuando se trata de la venta de armas brasileñas –el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior se niega a divulgar números de empresas que exportan armas, por ejemplo–, el Tratado no tiene definiciones específicas sobre el comercio de armas no letales.
 
Los productos de Condor son vendidos a más de 40 países. Pero mientras la Apex incentiva la exportación a países como Turquía y los Emiratos Árabes, el uso de esas mismas armas no letales es cuestionado por la justicia brasileña. En noviembre del año pasado, la Procuraduría Federal de los Derechos de los Ciudadanos decidió investigar las consecuencias para la salud del uso de esas armas en el país. A pedido de la organización Tortura Nunca Más, de San Pablo, se creó un grupo de trabajo (GT) compuesto por representantes de los ministerios de Justicia, Defensa y Salud, y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República, además de las policías federales, estaduales y de las guardias municipales, para acompañar los proyectos de ley sobre el tema. Todo ello porque no existe una norma nacional para limitar conductas y garantizar el uso adecuado de tales armamentos.
 
El GT también debe realizar un estudio comparativo de los programas de entrenamiento policiales y estudios sobre las consecuencias para la salud de las personas alcanzadas, en especial por armas que utilizan electroshocks y componentes químicos. “Nuestros policías están usando este tipo de armas supuestamente no letales de manera ostensible”, dice Wilson Furtado, de Tortura Nunca Más San Pablo. “La Policía, en lugar de detenar a una persona, le tira enseguida, alcanzando principalmente a jóvenes que están protestando”.
 
El grupo pide una legislación que discipline y regule los armamentos no letales, definiendo los tipos de armamentos autorizados y las normas para la compra, el control, el empleo y el uso, además de mecanismos de información a los ciudadanos.
 
Las armas no letales de Condor son ampliamente utilizados por policías en todo el país –y por el gobierno federal. Programas federales compran tales armas, por ejemplo, para las UPPs en Rio de Janeiro y para las fuerzas policiales de 12 Estados involucrados en el programa “Crack, Es Posible Vencer” –incluyendo pistolas de choque como “tasers” y sprays de pimienta. Sólo con vistas a los megaeventos –la Copa de las Confederaciones y la Copa del Mundo de 2014, Brasil ya destinó R$ 49 millones a Condor.
 
En abril de 2012, según el Portal de la Transparencia, el gobierno federal gastó R$ 1,5 millónes en la compra de municiones no letales de Condor para uso del Ejército en la “garantía de la ley y del orden en los complejos de Alemão y de Penha”. Entre los ítems adquiridos había 1125 granadas explosivas de luz y sonido (GL 307), 500 granadas multi-impacto pimienta (GM 102) y 500 granadas fumígenas, 29,5 mil cartuchos de balas goma y 700 granadas lacrimógenas de movimentos aleatorios (GL -310) –la misma que se utilizó contra los manifestantes en Turquía–.
 
En junio, el gobierno compró armamentos a Condor para la seguridad de Rio+20 por un total de R$ 1.3 millones. Entre ellos, más de 900 sprays de pimienta, 1.3 mil granadas lacrimógenas triples, 870 granadas explosivas de luz y sonido, y 5 mil cartuchos calibre 12, con proyectiles de goma.
 
 
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