viernes, 23 de agosto de 2013

Sobre la Guerra Popular, Clausewitz y Mao (3ª entrega de 4)

 
 
Traducido por SADE para ODC


4. T. Derbent: Clausewitz, Mao y el maoísmo




2.6. Clausewitz, Stalin y Mao


En su momento me ocupé de la crítica que de Clausewitz hizo Stalin en 1946, en su carta al coronel Razin (46). A éste, profesor e historiador militar soviético, sobre la base de la estima que Lenin profesaba a Clausewitz, le sorprendía la tendencia de los círculos militares soviéticos a asimilar el pensamiento de Clausewitz al de los estados mayores hitlerianos: “Para la ciencia militar soviética más de vanguardia en general y para nuestra ciencia militar histórica en particular, la cuestión esencial es la de la actitud ante la herencia teórica del pasado. En los clásicos del marxismo-leninismo disponemos a este respecto de directrices claras y precisas: asimilación completa de todo lo que produjo la ciencia pasada, valoración crítica de todo lo creado por el pensamiento humano, verificación en la práctica. […] Esto se aplica asimismo a la cultura militar. Como resultado, no rechazamos los logros de la cultura burguesa, por ejemplo, porque los fascistas, como sabemos, hayan aprovechado dichos logros con el objetivo de la barbarie más salvaje. Emplearemos los logros de la cultura burguesa para la construcción socialista, para la edificación de la sociedad comunista. Pero no asimilamos mecánicamente la totalidad de los conocimientos de la ciencia burguesa, les damos forma de manera crítica y, sobre bases socio-económicas y políticas nuevas, hacemos avanzar la ciencia.

 

Hay dos formas probadas de crítica básica: la forma inferior, investigación de alteraciones, de idealismo, de miras mecanicistas y reaccionarias, etc., y el rechazo de todo, en conjunto; y la forma superior, evaluación crítica, investigación de los núcleos de contenido positivo tras una forma errónea, manteniéndolos y desarrollándolos.” (47) [Retraducción de ODC. Nota de ODC].

 

Stalin salió a la palestra y argumentó así: [Lenin] alababa a Clausewitz ante todo porque, el no marxista Clausewitz, autoridad de su tiempo en la materia como experto en asuntos militares, confirmaba en sus trabajos la famosa tesis marxista de que entre guerra y política existe una relación directa, que la política engendra la guerra, que la guerra es la continuación de la política por medios violentos. La referencia a Clausewitz le era necesaria aquí a Lenin una vez más para probar el socialchovinismo, el socialimperialismo, de Plejanov, Kautsky y otros.

 

Luego alababa a Clausewitz porque Clausewitz confirmaba en sus trabajos la tesis justa desde el punto de vista del marxismo de que la retirada en determinadas condiciones desfavorables es, de igual modo, tan legítima en el combate como la ofensiva. La referencia a Clausewitz le era necesaria aquí a Lenin una vez más para persuadir a los comunistas de “izquierdas”, que no reconocían en la retirada  una forma legítima de lucha.

 

En consecuencia, Lenin enfocaba las obras de Clausewitz no como militar, sino como político (...)

 

¿Debemos criticar a fondo la doctrina militar de Clausewitz?

 

Sí, debemos. Estamos obligados desde el punto de vista de los intereses de nuestra causa y de la ciencia militar de nuestro tiempo, a criticar profundamente no sólo a Clausewitz, sino también a Moltke, Schlieffen, Ludendorff, Keitel y otros portadores de la ideología militar alemana (48). En los últimos treinta años, Alemania ha impuesto por dos veces al mundo la guerra más sangrienta, y en ambas ocasiones ha resultado derrotada. ¿Ha sido así por casualidad? Obviamente no. ¿Acaso no significa esto que no sólo Alemania en su conjunto, sino también su ideología militar, no han resistido  la prueba? Esto es precisamente lo que significa. Todo el mundo sabe cuánto respeto testimoniaban los militares de todo el mundo, y entre ellos nuestros militares rusos, a las eminencias militares de Alemania. ¿Debemos acabar con ese respeto inmerecido? Es necesario acabar con él. Y para ello se necesita la crítica, sobre todo de nuestro lado, del lado de los vencedores de Alemania.

 

En lo que respecta, en particular, a Clausewitz, evidentemente ha envejecido como eminencia militar. Clausewitz era, en el fondo, un representante de la guerra de la época manufacturera. Pero ahora estamos en la época de la guerra mecanizada. Es evidente que la época del maquinismo requiere nuevos ideólogos militares. Resulta chocante tomar ahora lecciones de Clausewitz.

 

No se puede avanzar y hacer avanzar la ciencia sin someter a examen crítico los viejos enunciados y tesis de las eminencias reconocidas. Lo cual afecta no sólo a las eminencias de la ciencia militar, sino también a los clásicos del marxismo.” (49)

 

Esta condena de Clausewitz por Stalin se convirtió en la posición oficial del movimiento comunista internacional. Así, por ejemplo, en la revista teórica del PCB, de la que era redactor en jefe, Bob Claessens publicó una introducción a la carta al coronel Razin que seguía fielmente, y acentuaba incluso, la posición de Stalin (50).

 

Mao atacó frontalmente esta posición dando la razón al coronel Razin en un discurso pronunciado en enero de 1957 en una conferencia a los cuadros del PCCh:

 

“[Marx, Engels y Lenin]  estudiaron e investigaron con ahínco las más variadas cosas de su tiempo y de la historia y, además, enseñaron a la gente a obrar así. Las tres partes integrantes del marxismo nacieron en el proceso del estudio de teorías burguesas: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa y el socialismo utópico francés, y de la lucha contra ellas. Stalin fue un poco débil en este sentido. En su tiempo, la filosofía idealista clásica de Alemania fue considerada como una reacción de la nobleza alemana contra la revolución francesa. Con semejante conclusión se la descalificó a toda ella en bloque. Stalin negó la ciencia militar alemana al afirmar que, como los alemanes habían sido derrotados, ya no tenía validez su ciencia militar y no había para que leer los trabajos de Clausewitz.

 

En Stalin hubo mucho de metafísica; además, él enseñó a mucha gente a ponerla en práctica. (…)

 

La cuarta edición del Diccionario filosófico abreviado, redactado en la Unión Soviética, refleja en su definición de la “identidad” este punto de vista de Stalin. El diccionario dice: “Fenómenos tales como la guerra y la paz, la burguesía y el proletariado, la vida y la muerte, no pueden ser idénticos, porque son radicalmente contrarios y se excluyen mutuamente.” Esto quiere decir que tales fenómenos radicalmente contrarios, en vez de tener una identidad marxista, sólo se excluyen entre sí, no están mutuamente vinculados ni pueden, en determinadas condiciones, transformarse el uno en el otro. Tal afirmación es por completo errónea.

 

Según la opinión de ellos, la guerra es la guerra y la paz, la paz, sin que entre una y otra haya conexión alguna sino simple exclusión mutua; la guerra no puede transformarse en paz, ni viceversa. Lenin citó una vez las siguientes palabras de Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. La lucha en los tiempos de paz es política, y lo es también la guerra, aunque valiéndose de medios especiales. La guerra y la paz se excluyen mutuamente y al mismo tiempo están interconectadas; además, en determinadas condiciones, la una se transforma en la otra. Si la guerra no se incubara en los tiempos de paz, ¿cómo podría estallar de repente? Y, si durante la guerra no se incubara la paz, ¿cómo podría ésta llegar súbitamente? (…)

 

A Stalin se le escapó la conexión existente entre la lucha y la unidad de los contrarios. La mentalidad de ciertas personas en la Unión Soviética es metafísica” (51)

3. Clausewitz en el legado maoísta


3.1. Giap (52)

 

(...) Giap dirigía desde hacía varios años el Ejército popular cuando leyó a Clausewitz. Durante meses, el Secretario General del Partido Comunista indochino, Truong Chinh, había conminado a todos los cuadros militares a leer Vom Kriege pero Giap, según confesaba, sólo se había interesado por él en vísperas del estallido de la resistencia armada: "Antes de aquel día, pensaba que Clausewitz se había ocupado de la guerra del siglo pasado y no estaba del todo de acuerdo con su opinión de que “la guerra popular debe disponer de amplios espacios que no existen en ningún país de Europa excepto en Rusia”.” (53) [Retraducción de ODC. Nota de ODC].

 

De hecho, hablando de la capacidad de la guerra popular para forzar al invasor a evacuar el suelo de la patria, so pena de encontrar en él su tumba”, Clausewitz había añadido esta importante restricción: “Que una simple guerra del pueblo pueda producir esa crisis presupone o bien que la extensión superficial del estado invadido excede la de cualquier país de Europa, excepto Rusia, o bien que existe una desproporción entre la fuerza del ejército invasor y la extensión del país, que nunca se presenta en la realidad. Por lo tanto, para evitar aferrarnos a una cuestión irreal, debemos imaginar siempre una guerra del pueblo en combinación con una llevada a cabo por un ejército regular, y que ambas se realicen de acuerdo con un plan que abarque las operaciones del conjunto.” (54)

 

En su base de Viet Bac, Giap se hizo leer por su secretario particular y su esposa ciertos pasajes de Vom Kriege. “Al escucharlos, a menudo tenía la impresión de que Clausewitz estaba sentado frente a mí para disertar sobre los acontecimientos en curso. Clausewitz tenía un conocimiento profundo de la naturaleza extremadamente compleja y cambiante de la guerra. Esta última comporta, en efecto, muchos elementos azarosos hasta el punto de que [el propio Clausewitz] la comparaba a un juego. Según Clausewitz, “ninguna actividad humana depende tan completa y universalmente del azar como la guerra (...) la guerra se convierte en un juego tanto por su naturaleza subjetiva como por su naturaleza objetiva” (55). Me gustaba especialmente el capítulo titulado “El armamento del pueblo”, un capítulo relativamente corto. Me preguntaba constantemente: ¿Cómo pudo un oficial del Imperio prusiano tener semejante opinión sobre esta forma popular de lucha armada? Ésta se debía sin duda a su profundo amor a su patria y a su rechazo a vivir como un esclavo. Su teoría coincidía singularmente con lo que preconizaban nuestros abuelos: enfrentarse con los propios medios a un enemigo superior en armas y en número. Algunos autores militares han tratado de la “pequeña guerra” (por oposición a la “gran guerra”) en la que se emplean pequeñas unidades que pueden ir por todas partes, abastecerse ellas mismas sin dificultad, mantener el secreto, moverse rápidamente y replegarse del mismo modo, incluso en ausencia de caminos, etc. ¿No se parecía, en parte, todo lo que hacíamos por entonces a la “pequeña guerra”? (56) [Retraducción de ODC. Nota de ODC].

 

La cultura militar de Giap es de carácter autodidacta. Estudió las campañas del Imperio con mucha más profundidad de la exigida por las clases de historia que daba, en 1938, en una escuela de Hanoi. También por aquella época leyó a T. E. Lawrence, pero las principales fuentes de su formación fueron los escritos de Engels y Lenin sobre la insurrección, los documentos sobre la lucha de Mao Tse Tung y de Chu Te que llegaban a Indochina y la tradición de guerra nacional vietnamita. (…) En 1942, Giap efectuó una corta estancia en China, en la escuela política y militar del Partido Comunista chino de Kangta, en Yenan (57). En aquella época Giap sólo conocía a Clausewitz por las opiniones intercambiadas a principios de los años 40, cuando los colonialistas franceses proyectaban, en caso de agresión japonesa, una retirada hacia el interior del país para levantar una guerrilla a imagen de la china. Este proyecto había sido duramente criticado apelando a la autoridad de Clausewitz, para quien, como hemos visto, era necesaria una enorme extensión de territorio para [asegurar] la victoria guerrillera.

 

Por lo demás, fue en estos términos como se reanudó el debate en el seno del Vietminh, y fue un debate reñido, como pone de manifiesto Giap: “Cuando nuestro Partido optó por la guerrilla, recibió el apoyo de todo el pueblo. (…) Sin embargo, entre nuestros comandantes, algunos se preguntaban: “nuestro país es pequeño y el teatro de operaciones reducido, ¿es posible, pues, levantar una guerrilla victoriosa?” Se organizaron discusiones en profundidad, dentro de un círculo restringido, sin que llegáramos a una identidad de puntos de vista, ni a una conclusión unánime pero sin cuestionar nunca la política del Partido.” (58) [Retraducción de ODC. Nota de ODC]. De hecho, Vietnam es un país poco extenso, el enemigo ya estaba presente en él en diversos lugares y sus modernos medios militares habían reducido el espacio. Las bases más remotas de la resistencia estaban a apenas una jornada de camino del enemigo en vehículos a motor (o a media hora de vuelo). En esta guerra contra los franceses, el Vietminh no podía contar con retaguardias seguras donde disfrutar de una tranquilidad absoluta. Sus repliegues no podían ser sino cambios cíclicos de acantonamiento, algo parecido a un continuo juego del escondite. (…)

 

Giap aplicó o reinventó punto por punto la doctrina clausewitziana en el marco particular de la guerra revolucionaria. (…) Giap dominaba a la perfección la dialéctica entre la defensiva y la ofensiva. Claro está que el paso de una forma a la otra no siempre se hizo sin dificultades. El fracaso de las tres ofensivas de 1951 contra el delta del río Rojo, el de la ofensiva del Tet en 1968 (59) y el de la ofensiva de Pascua de 1972, se explican por un paso prematuro de una forma de guerra a otra. Una vuelta a una defensiva activa permitió transformar los pequeños progresos cuantitativos del Ejército popular en un cambio global de la relación de fuerzas, lo que permitió abordar victoriosamente el paso a la ofensiva (toma de Dien Bien Phu en 1954, de Saigón en 1975).

 

(…) Dien Bien Phu constituye un ejemplo deslumbrante del modo en que Giap puso en práctica el concepto clausewitziano de “batalla decisiva”. Fue tras leer a Clausewitz cuando Giap abordó esta batalla. Además, puso en relación el problema que planteaba Dien Bien Phu con el capítulo de Vom Kriege titulado Defensa de las montañas: “Queda claro que un pequeño puesto en terreno montañoso en una posición elegida con criterio adquiere por eso mismo un poder de resistencia extraordinario. (…) Nos inclinamos a creer que dando una mayor fuerza individual a puestos de este tipo y estableciendo una cantidad suficiente de ellos, unos juntos a otros, se habría de formar un frente extraordinariamente fuerte, en cierto modo inexpugnable, y que, desde ese momento, ya no se trataría más que de protegerse contra un movimiento envolvente desplegándose de la misma manera a derecha e izquierda, hasta encontrar un punto de apoyo realmente suficiente en cada ala, o hasta poder fiarse del propio despliegue de la línea y tenerla por imbatible.” (60) [Retraducción de ODC. Nota de ODC]. La concepción de Dien Bien Phu corresponde a este análisis, con la salvedad de que los ocho centros de resistencia no formaban una línea defensiva sino un complejo defensivo circular.

 

Dien Bien Phu es el tipo de “gran batalla clausewitziana”. Giap esperaba la ocasión de dar un golpe decisivo al Cuerpo Expedicionario francés, un golpe que aniquilara a un tiempo a las fuerzas armadas enemigas, le abriera la posibilidad de controlar el territorio y quebrara la voluntad de combate del enemigo. (…)


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Notas

 

(46) Clausewitz et la guerre populaire, Editorial Aden, Bruselas 2004, páginas 105 y siguientes.

(47) La carta del coronel Razin se publicó en nota en el volumen XVI de las Obras de Stalin, Nouveau Bureau d’Edition, París, 1975, nota 48, página 453. La carta del coronel Razin fue publicada, con la respuesta de Stalin, en la revista teórica Bolchevik  n° 3 en 1947.

(48) La traducción del mismo texto citado por Paul Rossel (Karl von Clausewitz y la théorie de la guerre, Les Temps Modernes n° 77, marzo de 1952) propone “la ideología militar alemana” en vez de “la ideología militar en Alemania”. Es probable que esté más cercana [esa traducción] al espíritu de la intervención de Stalin e incluso a sus motivaciones...

(49) Stalin, Obras, volumen XVI, op. cit., págs. 201-204.

(50) Bob Claessens, Introducción a la Carta de Stalin al Coronel Razin sobre las tesis de Clausewitz, en el n° 4 (serie nueva) de abril de 1947 de Rénovation, “Revista de doctrina y acción del Partido Comunista de Bélgica”. Páginas 227 y siguientes.

(51) Discursos en una conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma, (discurso del 27 de enero de 1957). Obras escogidas, volumen V. Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1977, páginas 398-401.

(52) Nota del Editor: en la original de Clausewitz, Mao et le  maoïsme, T. Derbent escribe bajo este epígrafe: “remito al lector que lo desee, respecto a las relaciones entre Giap y Clausewitz, al trabajo que ya presenté sobre este tema y bajo este mismo título, trabajo accesible en Internet”. Para este número de Clarté Rouge, hemos empleado amplios extractos del trabajo en cuestión.

(53) General Vo Nguyen Giap, Memorias - volumen 1: La Résistance encerclée, Ediciones Anako, colección Grandes Testigos, Fontenay-sous-Bois, 2003, páginas 105-106. Se cita a Clausewitz en la traducción de Denise Naville (De la guerra, Ediciones de Minuit, París, 1955, página 552).

(54) De la guerra, libro VI, capítulo 26, página 672.

(55) Según la traducción de Naville, páginas 64-65; en la edición de Lebovici: página 48.

(56) Giap afirma en sus memorias (volumen 1, página 105) que leyó Vom Kriege en su momento en la traducción de Denise Naville que se llevó de Hanoi en 1947, pero debe tratarse de un error ya que esta traducción no se publicó hasta 1955.

(57) Ya en mayo de 1940, Ho Chi Minh había animado a Giap y a Pham Van Dong a completar su formación política y militar en China, en las filas del Ejército rojo chino. Ni Dong ni Giap llegaron a su destino pues la noticia de la caída de París obligó a Ho Chi Minh a llamarles a Vietnam. El propio Ho Chi Minh había vivido más de un año, en 1938-39, en el Ejército rojo.

(58) Giap, Memorias, volumen 1, op. cit., página 173.

(59) Estas ofensivas, que tuvieron efectos positivos, fueron fracasos en la medida no alcanzaron el objetivo fijado.

(60) De la guerra, libro VI, capítulo 15, página 574. En la página 111 del volumen 3 de sus Memorias Giap se refiere a este análisis de Clausewitz. 

 

Segunda Parte en este enlace:
 
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1 comentario:

  1. apenas veo la 3era parte de ella, solo conocia la primera hace tiempo que la lei. muy impresionante tu analisis amigo, por lo menos he salido de dudas giap si leyo a clausewitz.

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