miércoles, 4 de enero de 2017

EEUU entrena a los nuevos golpistas de América Latina


Por Emir Sader

Estados Unidos (EEUU) preparó a los golpistas de Brasil en 1964 a partir de la creación de la Escuela Superior de Guerra, fundada por Golbery do Couto e Silva y Humberto Castelo Branco, quienes habían convivido con las tropas estadunidenses en la participación de Brasil en el final de la Segunda Guerra Mundial, en Italia. Junto a la Escuela de las Américas, en Panamá, se formó así la generación que preparó y puso en práctica el golpe militar de Brasil en 1964. La Doctrina de Seguridad Nacional y los métodos de tortura fueron las dos claves esenciales del régimen de terror que fue implantado en Brasil y en los otros países del cono sur de América Latina.

En la posguerra fría, EEUU buscó su nuevo enemigo, figura esencial para exorcizar hacia el exterior los problemas de la sociedad estadunidense. Junto al narcotráfico se fijó en el terrorismo.

Como elemento de la lucha en contra del terrorismo, con toda la amplitud que George W. Bush dio al tema, se desarrolló un campo de actividad llamado “contraterrorismo”, como parte de la función de “policía del mundo” que EEUU ha asumido.

El blanqueo de dinero pasó a ser parte de esa acción, en la creencia de que el terrorismo lavaba sus recursos en los mecanismos bancarios. Se pasó a la “investigación y punición en los casos de blanqueo de dinero, incluyendo la cooperación formal e informal entre los países, confiscación de bienes, métodos para extraer pruebas, negociación de delaciones, uso de examen como herramienta y sugerencias de cómo tratar a las organizaciones no gubernamentales bajo sospecha de ser usadas para financiamiento ilícito”.

El seminario Proyecto Puentes: construyendo puentes para la aplicació n en Brasil –cuyo tenor fue revelado por Wikileaks–, realizado en octubre de 2009 en Río de Janeiro, tuvo la presencia de autoridades estadunidenses, de formación de nuevo personal al servicio del imperio, para consolidar entrenamiento bilateral de aplicación y habilidades prácticas de contraterrorismo. Han participado promotores y jueces federales de 26 provincias brasileñas, además de 50 policías federales de todas las provincias, en la más grande delegación. La reunión contaba también con representantes de México, Costa Rica, Argentina, Panamá, Uruguay y Paraguay.

En el transcurso de la reunión intervino nadie más que Sergio Moro, el hoy muy conocido promotor brasileño que pretende ser un “justiciero, al margen de la ley, en contra de la corrupción”.

Él habló sobre los “cinco puntos más comunes de lavado de dinero en Brasil”. Los participantes han solicitado entrenamiento adicional sobre la búsqueda de evidencias, entrevistas e interrogatorios. Ese interés se daría porque “la democracia brasileña no tiene todavía 20 años de edad. Así, los jueces federales, los promotores, los abogados son principiantes en el proceso democrático, no fueron entrenados en cómo lidiar con largos procesos judiciales (...) y se encuentran incapaces de utilizar eficazmente el nuevo código criminal, que fue completamente alterado”.

El informe pide, en los resultados de la reunión, que se realicen cursos más profundos en Sao Paulo, Curitiba y Campo Grande. El informe concluye que “el sector judicial brasileño claramente está muy interesado en la lucha en contra del terrorismo, pero necesita herramientas y entrenamiento para empeñar fuerzas eficazmente (...) Promotores y jueces especializados han conducido en Brasil los casos más significativos de corrupción de individuos de alto nivel”.

El surgimiento de gobiernos que contrarían las orientaciones de EEUU fue una oportunidad para adaptar esas orientaciones a proyectos de desestabilización de esas administraciones, apoyados en acciones que se concentran en la denuncia reiterada de supuestas irregularidades cometidas por esos gobiernos, por los partidos que los apoyan y por sus líderes.

La contribución de Moro y de sus comparsas es usar los métodos que aprendieron con los estadunidenses –que incluyen ya el uso de las delaciones, entre otras prácticas– para destruir la democracia, reconstruida después del agotamiento de las dictaduras militares instaladas por las generaciones anteriores de golpistas, igualmente formadas por EEUU.

Los datos revelados por Wikileaks ya habían demostrado que el espionaje hecho por el gobierno de EU a la Presidencia de la República de Brasil, al Ministerio de Minas y Energía y a Petrobras fue suministrado a Sergio Moro y sus comparsas para que dieran inicio a las denuncias en contra del gobierno del Partido de los Trabajadores.

Esa reunión de 2009 es significativa de los nuevos métodos de desestabilización política generados por EEUU, con intervención escandalosa en los asuntos internos de los otros países, violando su soberanía y contando para ello con miembros del sector judicial y de la policía. Como preparación, realizada por EEUU, de la nueva violación a la democracia brasileña, apoyada en personajes que representan directamente los intereses del imperio, como Sergio Moro y sus comparsas.

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